Para ti
Abuelo, no sabes cómo quisiera que estuvieras aquí. Sé que no te recuerdo todo el tiempo porque de alguna manera se aprende a vivir; Quizás me olvido de ti, no lo sé realmente. Lo que sí sé es que extraño tu amor, tu manera de amarme, de mimarme. Extraño ser la sonrisa habitual de alguien, extraño ser yo y no ser juzgada.
Hay días en que todo duele. No te imaginas lo duro que se ha puesto el mundo. No sé por qué, pero mi mami discute casi todos los días, vive enojada. Imagínate, soy profe, me gradué en diciembre, ya hace medio año, pero no es para tanto, o bueno eso me han hecho sentir. No he conseguido trabajo y sigo acá atada.
Me siento mal el 90% de las noches, por no decir que todas. No me gusta cómo se ve mi cuerpo ni cómo se siente mi mente, pero de alguna manera siento que para mejorar debo salir de acá, y no sé cómo sentirme al respecto.
Abuelo, tú no puedes venir y abrazarme?. Lo necesito mucho. En esta casa o en esta familia los abrazos y las palabras de cariño se volvieron escasas, están guardados solo para ocasiones especiales; vamos a decirle así para que no suene tan mal.
Abuelo, tu casa se me hace pequeña. Hace unos días fui y la recorrí, y vi la viga. Ya no estaba el bolso con los dulces, ni el acordeón, ni tu cama. Estaba muy limpia la casa y se sintió bonito sentirme en casa, pero ya nadie estaba allí.
Abuelo, lo siento. Sé que esto no te gustaría: mi estado emocional y esto de que llore a cada rato, pero me es difícil no hacerlo. Y acudo a escribir porque de alguna manera, quizás no sé, quiero pensar que te puedo hablar.
No tengo amigos, no tengo a nadie con quien hablar. Es irónico, siempre he sido una de las populares, la que tiene amigos, pero sabes, no son reales. Nadie es real; solo buscan su beneficio propio en todo. La empatía y el respeto ya casi no existen en este mundo.
Abuelo, un abrazo hasta el cielo. Yo sé que me observas, yo sé que tú estás orgulloso, y algún día me verás como magíster. Te lo prometo.
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